Júlia + Àlex

La única premisa de Júlia y Àlex era clara: querían alianzas mixtas, que combinaran oro blanco y oro amarillo, y que no fueran perfectas ni simétricas.

El punto de partida fueron cuatro anillos independientes (dos de cada color) que, al encontrarse, se unen para convertirse en dos alianzas. Los metales se mantienen reconocibles, conectados en los puntos donde se tocan, creando una pieza en la que cada material conserva su identidad.

El resultado son alianzas irregulares, con un equilibrio natural entre ambos oros. Cada anillo es distinto, como quienes los llevan, sin pretensión de ser iguales y dejando que el proceso marque la forma final.